En mis fotografías utilizo una simbología que, para cada una de nosotras, es como una segunda intuición. En este proyecto se trata de viejas cabezas de muñecas de porcelana, olvidadas y marchitas, que encuentro en subastas de antigüedades.
Ya no son amadas, están en estado de descomposición, porque el tiempo no es benévolo con ellas. Sus caras agrietadas son como nuestras arrugas, y sus ojos desgastados, ¿quizás como los nuestros? ¿De tanto llorar? Sus cabezas están sin pelo, separadas del resto del cuerpo, porque así es como nos sentimos mentalmente cuando no aceptamos nuestra propia corporalidad. Marchitas, rechazadas, olvidadas…
¡Por eso quiero hablar de nosotras! De nuestras experiencias difíciles, de las emociones reprimidas y ocultas en lo más profundo ante la familia y los amigos, que nos bloquean y nos hacen infelices.
¡Quiero gritar! ¡Hablar de aquello que nos duele! De ahí nace este Proyecto
Para terminar, diré que son ellas mismas las que me eligen a mí. Sara